Blog · 24 de mayo de 2023
El hombre al timón
Lo que la vela enseña sobre cómo gobernar una vida: vientos, corrientes y saber qué puerto se busca.
Gobernar un barco es una forma maravillosa de pensar en cómo vivir una vida. Los vientos, las corrientes y el oficio de la navegación tienen algo que enseñarnos sobre cómo aprovechar al máximo las condiciones que encontramos.
Elija un destino
Todo navegante zarpa con un puerto en mente. La vida necesita lo mismo: saber qué queremos lograr y adónde queremos ir, porque eso es lo que nos da rumbo y propósito. Nunca está de más recordar a Séneca: si no sabe a qué puerto navega, ningún viento le será favorable, y irá a la deriva allá donde sople.
Lea el viento
El viento es imprevisible y siempre cambiante, como las circunstancias y las oportunidades que nos trae la vida. Observarlo con atención significa comprender las fuerzas externas que condicionan nuestro avance. Lo mismo ocurre con las personas que nos rodean, que pueden ser igual de imprevisibles, y con las que aparecen por sorpresa. Leerlas bien nos dice cuándo ser prudentes, cuándo aprovechar una oportunidad y cuándo mantenernos lejos de una decepción.
Trime las velas
Para navegar bien hay que ajustar continuamente las velas y sacar el máximo partido al viento. En la vida, la capacidad de adaptación es igual de crucial: ser flexibles y estar dispuestos a cambiar de planes cuando haga falta. Abandonado a sí mismo, un barco tiende a orzar, poniendo la proa al viento, y a escorar con fuerza hasta perder el rumbo. Un buen navegante nunca lo deja desatendido: lasca y caza las escotas, orza y arriba. Nuestras vidas necesitan la misma atención constante. Y recuerde que a vela no siempre podemos apuntar hacia donde quisiéramos. A veces navegamos con el viento a favor, a veces ceñimos en zigzag, y ambas formas nos llevan a casa sanos y salvos.
Respete las corrientes
Las corrientes pueden ayudar o entorpecer a un barco, igual que las tendencias, las normas sociales y las influencias culturales pueden ayudarnos o entorpecernos. Comprenda las corrientes que le rodean y decida si dejarse llevar por ellas o trazar su propio rumbo. Deje que le impulsen hacia delante en lugar de arrastrarle. Es difícil vencer una corriente de frente, y a menudo hay que navegar en ángulo para ir en línea recta.
Aproveche el momento
Cuando el viento y la corriente se ponen a su favor, los navegantes experimentados los aprovechan al máximo. En la vida, reconozca las oportunidades que encajan con sus objetivos y valores, asuma riesgos calculados y salga de su zona de confort cuando importa. Y esté dispuesto a esperar con paciencia a que cambie el viento: navegar contra el viento y la marea a la vez es un esfuerzo en vano.
Paciencia y resiliencia
El mal tiempo pone a prueba a todo navegante. También la vida trae contratiempos, y la resiliencia es lo que nos permite recuperarnos de ellos, con paciencia en los tiempos de incertidumbre. Las tormentas pasan y más adelante esperan aguas más tranquilas, aunque tampoco ninguna calma dura para siempre. Los estoicos tenían dos buenas máximas para ello. Amor fati, el amor al destino, nos enseña a afrontar lo que ocurra con valentía en lugar de con quejas. Premeditatio malorum, la premeditación de los males, nos pide imaginar lo que podría salir mal, para que nunca nos pille por sorpresa.
Disfrute de la travesía
Navegar no consiste solo en llegar. Como escribió Antonio Machado, se hace camino al andar, y Mia Couto dijo que lo que importa no es el destino, sino el camino. Céntrese en el presente, encuentre alegría en lo que sucede por el camino, aprenda de los momentos difíciles y valore a las personas con quienes comparte el viaje.
Abrace los vientos y las corrientes, trime sus velas y ponga rumbo a una vida plena y con sentido.
Pedro

